En el fondo sabia que me necesitabas, que me necesitabas tanto como yo a ti.
Nos habíamos llegado a querer mucho.
Recuerdo la primera vez que creí que te perdía. Lloré. Lloré muchisimo. Me sentía tan perdida sin ti. Se me fueron las esperanzas de cualquier cosa que se me pasara por la cabeza en esos momentos. Creí que te perdía por culpa de ella. Que la habías preferido a ella y me habías abandonado en el fondo de un pozo.
Recuerdo que escribí una frase-rallada en face. Ella, la maldita ella, lo leyó y se puso de por medio, como siempre. Te dijo que mi frase iba por ti y te empezaste a preocupar de que yo estuviese mal por tu culpa. Punto a tu favor.
Llamaste, dijiste que no, que ella te había pedido que me olvidaras en un rincón, en un fondo, pero te habías negado y esa era tu ultima palabra.
En ese momento te quise más que nunca.
Absolutamente todo lo que hubiese podido haber entre nosotros se esfumó en el momento en el que nos empezamos a conocer de verdad. De las verdades de las buenas.
Siempre que estábamos juntos me lo decías: 'tu y yo nunca podremos tener una relación, nos conocemos demasiado bien. Ambos sabríamos que terminariamos engañándonos.'
Ahora que hablo con sinceridad, eso me dolía un poco.
Esas palabras me hacían abrir los ojos y pensar: si él, que se supone que me conoce tanto, jamas estaría conmigo porque 'sabe de antemano' que yo le engañaria, ¿cómo voy a tener una relación de verdad con alguien?'
De veras pensaba si tenias razón o no. Me daba miedo y la verdad, aún estoy averiguandolo.
Dejamos de hablar. No podía soportar la idea de que de las pocas personas en las que confiaba fuera capaz de mentirme en la cara antes que decirme la verdad. No podía soportarlo.
Y la rabia era tal que en vez de llorar, destrozarme y pensar en un 'porque?' mientras me deshacía en mi habitación, ni siquiera sentía dolor. Era tan grande mi decepción hacia tu mentira que no podía. Tú... Esa persona que lo sabia todo (o casi) sin ninguna omisión. O de la que yo creía saber tantas cosas...
Tú me mentías y yo ya no sabia en quien confiar.
No quería llorar, no quería ni pensarlo un segundo. Y no lo hice.
Dejé que mi orgullo se apoderara de mi, que hiciera todo el trabajo sucio. Dejé que mi orgullo y mis experiencias con las mentiras hicieran que no te echara de menos ni un segundo. Y así fue. No me costó especialmente...
Supongo que fue porque eres de las pocas personas que me entiende en TODO, que suele pensar como yo, y que suele estar tan perdido como yo.
Además de que solías ser muy sincero con tus opiniones, pero nunca me hacías daño. Eso es lo que más me gustaba de ti, que nunca me habías hecho daño.
Y supongo que por eso volví. Ya me tocaba a mi dar el paso alguna vez. Hay que admitir que yo he sido siempre la orgullosa de los dos, y no podía seguir así.
Quería hablar contigo para preguntarte si me habías echado de menos. No tenia preparado ningún discurso. Esperaba que fluyese solo si resultaba que tu respuesta era afirmativa.
Si me hubieses dicho que no, no hubiese importado. Hubiese 'recogido' y me hubiese ido. Sin problema. Lo hubiese podido entender.
Pero entonces... fluyó, como siempre pasa entre nosotros. Fluye la conversación como si el tiempo no hubiese pasado entre nosotros. Como si nunca hubiesemos discutido y como si nunca hubiese pensado que lo nuestro había muerto. Y entonces, cuando mi valentía se había deshecho y ya no me veía con fuerzas de preguntarte si me habías echado de menos...BUM! lo dijiste tú.
Y entendí porque siempre uno de los dos volvía corriendo,
que estamos hechos del mismo material y que siempre estariamos juntos porque nos complementamos bastante bien, tengo que admitirlo.
Y entendí porque eres de las personas que mejor me entiende, que mejor todo.
Entendí que te quería irremediablemente.
No me falles, porfavor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario