lunes, 30 de mayo de 2011

Miles de entradas vacías. Y una persona perdida.
Y dos personas que abogan. Y miles de sitios inefables que se perderán con los segundos, esos segundos que marcan el reloj de arena.

Miles de millones y más centenares de cabezas pensantes, de cuerpos andantes que llenan la tierra de hediondos dolores de cabeza intrascendentales.
Y entre tanta mierda, a mi solo me importa una persona, un cuerpo inmundo como todos los demás, acompañado de una mente, unos pensamientos nauseabundos y confusos, como los de la mayoría, una persona intrascendente en esta vida, en la tierra. Al menos ella lo sabe. Sabe que la raza humana da puro asco, es consciente. Ella va incluida en el saco, claro que si, no va a ser diferente a los demás, obviamente, solo que... lo tiene presente, y eso es suficiente como para que me guste.

No intenta mejorar. Intenta ser ella, ser feliz, siendo simpática. Intenta realizarse en esta vida, aunque a veces no lo consigue y eso le da autentico pavor. Eso es lo que más odia, estar confundida, no saber que hacer con su vida, no saber a donde va ni que hacer.

Creo que le entran ganas de colocarse, de perder el control de su cuerpo, de su vida entera, en los días, semanas y quizás meses que se siente así. ¿Y a quien no?
Dios... le gustaría fumar, beber, empastillarse hasta la medula, ver doble, triple, no poder apenas hablar, no poder moverse, no poder pensar, no poder recordar, no poder dar vueltas a esa estúpida cabeza, no recordar la noche anterior, ni la otra, ni la que vendrá...

Entonces toca de pies al suelo, abre los ojos y sigue con su vida hasta nuevo día.
Disfruta de tu vida, pequeña. Te quiero, y se que encontrarás el camino.

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