sábado, 26 de febrero de 2011

pasado.

Esto es para mi misma. Nunca lo he dicho en voz alta.

La ultima vez que estuve en casa de un chico me cogió la mano y me la puso encima de su.. ehem.
La aparté y con voz de estúpida le dije '¿que estas haciendo? No he venido aquí para esto...' (habiamos quedado unos cuantos para pasar la tarde-noche en su casa, ver una peli y comer pizza, aunque al final él sólo me había invitado a mi...)

Le llamaron y se levantó a coger el teléfono, cuando volvió yo seguía sentada tímidamente en el sofá. Se quedó de pie, mirándome, así que levante ligeramente la cabeza para mirarle también. Me acarició la nuca, nos quedamos mirándonos 0.5 segundos. Juro que no se lo que pasó por mi cabeza lo que duró el mirarle a los ojos; pero de repente se bajó los pantalones (iba en chandal, así que todo fue tan rápido que no pude ni pestañear) y volvió a ponerme su mano detrás de la nuca, acercando mi cara a su cuerpo, a su... ehem.
Intentaba tirarme para atrás y no podía, le decía: 'que me sueltes, joder, ¿que te has creído? Sueltame o me voy a casa! No he venido aquí para esto!' No me soltaba y no sabia que hacer. Obviamente él era mucho más fuerte que yo, que no es nada raro, y no iba a dejar de hacer fuerza hasta que cediese cansada ya de negarme..

'¡Una mierda hijo de puta!' pensé. Y aguantandome a su cadera me aparté como pude medio chillandole que me dejase, que me iba. Paró y dio un paso atrás, me miró sorprendido porque no pensaba que yo fuese a reaccionar así hasta el punto de quererme ir.

Me levanté indignadisima, como nunca lo había estado. Iba a coger mi chaqueta cuando de pronto algo me cogió del codo, me paró, me dio media vuelta, me acercó a él, a su cuerpo que volvía a estar tapado después de mi insistente negación, me cogió la cara, fruncí más de lo que tenía el ceño y cogí sus muñecas para apartarle rápido si era necesario...

Levantó ligeramente hacia arriba mi cabeza, ya que él era más alto que yo y parecía que quería que nos mirásemos a los ojos... Se disculpó, me dijo que era una persona más que respetable, no por mi reacción sinó por mi actitud. Siempre hacía lo que quería. Si hubiese querido acostarme con él lo hubiese hecho sin problema porque realmente me importaba bien poco lo que fuesen a decir de mi los que se enterasen.
Despues de decirme eso me besó suavemente, se volvió a disculpar y me acompañó al metro.


Lo que duró el trayecto de metro hasta mi casa razoné y recordé algunas anécdotas.

Yo tenía el tipo de reputación de niña facilona. Siempre había sido así estuviese en el colegio en el que estuviese.
Presuponia que era porque siempre me he llevado bien con los chicos, y les solía gustar físicamente y esas cosas, aunque siempre me había visto bastante fea.

Cuando tenía trece años unos listos de mi colegio un año mayores empezaron a tirar rumores acerca de mi. Exactamente de que había mantenido relaciones sexuales con todo un equipo de futbol. No sé quien tuvo tanta imaginación, nunca lo he sabido, pero ole ellos. Deberían escribir novelas fantásticas.
Es cierto que yo salía algunos viernes con un grupo de cinco chicos que jugaban en el mismo equipo de futbol. Yo y mi mejor amiga de entonces. También es cierto que me había besado con dos de ellos. BESADO. Para ese entonces besarme ya era exagerado (almenos en mi colegio, que la mayoria de gente era más bien poco promiscua...). Incluso hablar de la masturbación hacia enrojecerme. Y nunca nos habíamos metido mano, ni siquiera lo había pensado.

A los trece mismos, una locura llevaba a la otra. Y yo (y todos a esa edad) nos creiamos tan mayores...
Así que conocí a una chica en una plaza, fíjate tú. Era un año mayor que yo, pero yo solía tener mejor relación con la gente un poco más mayor que yo. Nos hicimos amigas rápido y pasabamos alguna que otra tarde en casa hablando por messenger con la gente y... poco más. Era la manera que teníamos de divertirnos todos a esa edad; creernos muy mayores hablando por messenger.

Ella tenía un hermano de veinticino años, que venía a joder la marrana de vez en cuando a la habitación. Él entraba mucho en un chat de unos muñequitos con cabezas gigantes que corrian por una semiesfera de color verde que representaba la Tierra, con alguna que otra florecilla por allí.
Nos pareció gracioso y original la forma de conocer gente, así que nada más enseñarnoslo nos hicimos una cuenta, él nos ayudó porque estaba en inglés y ehem.. claro...

El hermano de mi amiga tenía un amigo, que le había enseñado el chat, y era de Madrid; aunque regularmente bajaba a Barcelona porque tenía família y eran grandes amigos. Se llamaba David. Tenía 5 piercings solo en la cara. La ceja, el septum (congeniamos bien porque me encantaba (y aún me encanta el septum), dos en los extremos del labio inferior y uno en la lengua. Me parecía atrayente. Me gustaban (y gustan) los chicos raros y nunca había conocido a nadie así. También tenía un tatuaje impresionante que iba des de la muñeca hasta el codo. Y además era portero de una discoteca cualquiera.. aunque estaba un poco rechonchín.

Pues así nos conocimos. Por el hermano de Sonia y por el chat. Las dos nos pasabamos la tarde conectadas allí conociendo gente y asquerosos de todas las partes del mundo. Los únicos que merecían la pena eran Sónia, su hermano y David, el amigo de éste... Así que era con los que más hablaba.
Eso si, en el chat aprendí mucho a ligar y a 'tirar la caña'.

Un día fui a casa de mi amiga y estaba David. Yo siempre he aparentado ser más pequeña de lo que soy; pero en esa época me maquillaba mucho y.. no sé, tal vez esto sólo sea una justificación para entenderlo todo...
Con David bien. Hablamos los cuatro y me lo pasé genial. No entendía el hecho de que Sónia y su hermano se llevaran tan bien. Se supone que los hermanos se llevan mal...

David volvió a Madrid, peró será que yo conocía poca gente y consecuentemente pocos chicos y que además me lo había pasado como nunca con él, y parecía que yo también le gustase...
Cuando volvió a Barcelona nos encontrabamos otra vez los cuatro en el comedor, escuchando musica y.. poco más. Sónia sabia que me gustaba David ya que era mi mejor amiga, nos lo contabamos todo, incluso los rumores sin fundamento que circulaban por mi colegio.

Supongo que el hermano de Sónia también sabía qué intenciones tenía David conmigo. Creo que el hermano me veía con buenos ojos, es decir, tal como era yo realmente: una niña dulce, tímida, que creía en el amor eterno, en los cuentos de príncipes y princesas, que quería un novio, ir por la calle cogidos de la mano y querernos. (como cualquier niña de trece - catorce años, joder! no era tan raro...)

En uno de los momentos nos quedamos solos con nosequé excusa de los hermanos. David se sento a mi lado, puso su mano sobre mi cara y la acercó a él, nos besamos. Tengo que reconocer que iba bastante perdida, ¿A cuántos chicos había besado en mi vida? ¿A dos? ¿A tres?
Yo me contentaba con besarnos durante toooodo el rato. Él no. Empezó a tocarme y blablabla, lo típico que haría un chaval de veintiocho años con una chavala.

Me puse nerviosa, no sabía que hacer ni que decir. Le apartaba todo el rato pero parecia no entenderlo. 'Soy virgen, eh', le dije roja hasta la punta de los dedos de los pies. Se sorprendió y perdió algo de interes por mi, hasta que dijo 'bueno, tiene remedio...' y siguió besandome y tocandome algo brusco...
Que quereis que os diga? No estaba preparada. Ni siquiera pensaba en la más remota posibilidad de perderla con él ni con nadie, por aquél entonces. No se cómo pasó exactamente, pero me largué rápidamente.

Hace ya mucho tiempo, por eso no recuerdo exactamente como pasó, pero si que recuerdo vagamente su cara... Igualmente decidí olvidarlo.

Pero ya no podía mirar a la cara al hermano de Sónia, me hacía recordar lo estúpido que fue su amigo y tenía la sensación y sospecha de que se reían de mi cuando estaban juntos. Empecé a no sentirme cómoda ni siquiera con Sónia; me sentía una cría, una estúpida y demasiado inocente. Pensaba que no se merecía tener una amiga que le hiciese quedar mal delante de los amigos de su hermano, y además de vez en cuando aún me hablaba de David, cómo si no hubiese pasado nadam y eso me hacía recordar. Juro que no podía olvidarlo, me veía incapaz y me comía por dentro.

No ví otra solución que alejarme de todo lo que me recordaba a él, de esa casa, de mi amiga, de ese estúpido y absurdo chat... que hacian que mi cabeza repitiese una y otra vez lo que habia pasado, y me sintiese una niñata estúpida.


Eso me sirvió para darme cuenta que no es oro todo lo que reluce, y que los chicos pueden ser unos cabronazos.
Desde entonces vigilaba más con quien iba, de hecho olvidé los chicos durante mucho tiempo, pensaba que no estaba preparada y que ya lo estaría alguna vez.
Un par de años dejé de creer en el amor. Perdí la virginidad sin ningún sentido, aunque no me arrepiento, son sólo vivencias, es solo una anécdota más.
Un par de meses después de perder la virginidad sucedió la primera história que he contado.

Llegué a casa. No había nadie. Lloré. Lloré mucho. Me sentía un objeto sin valor. Odiaba a los hombres, empezaba a odiarme a mi misma, incluso, aunque sin motivo.
Lloraba y pensaba que nunca había hecho el amor con nadie. Claro, el sexo no esta mal, no te jode. Pero nunca había hecho el amor, y no dejaba de pensar que tal vez nunca lo haría porque sólo querían una cosa de mi. Y me daba asco.
¿Se limitaba todo al físico? ¿Y si hubiese sido fea, o gorda? ¿Ni siquiera me hubieseis hablado?
Me sentía mal, como si lo que pensase o lo que sintiese yo no importase.
¿Ese iba a ser mi sino? ¿Eso me iba a perseguir toda la vida?
Hacia que me hundiese. Que me hundiese a llorar y que me alejase cada día un poquito más de la esperanza de enamorarme, de tener lo que muchos habían tenido. Menos yo, que ni siquiera había hecho el amor....

1 comentario:

  1. Usted no es un objeto sin valor. Ni objeto. Ni "sin valor". No vuelva a permitirlo.

    Siempre suyo
    Un completo gilipollas

    ResponderEliminar