Hay un sueño, una meta, un final; todos lo buscamos en cierta manera, y todos queremos encontrarlo con el fin de sentirnos queridos y vivir en equilibrio...
Pienso, y tengo un miedo atroz de ser diferente a las otras personas, que mi felicidad sea diferente a la de formar una familia, tener un trabajo estable y ser felices. Me da miedo adoptar ese tipo de vida porque es lo que toca y me da miedo que a pesar de ser lo que no quiero que sea, termine así...
Me da miedo también, pensar que no encuentre a nadie con mi visión, con mis metas, con mi felicidad y mi equilibrio, con mi mismo modo de ver la vida. Pueden haber muchas personas como yo, pero sé tristemente que en Barcelona no las encontraré.
Empiezo a sentirme un tanto estancada en esta puta gran ciudad. Mi reloj cada vez corre mas rápido con ansias de irse.
Mi cabeza empieza a anhelar otro tipo de vientos, de sol, de personas. Tengo ganas de hacer correr la cinta para poder darle al play justo donde quiero estar: en otro lugar.
He pensado toda la vida, que a esta edad ya no estaría aquí, ya habría ido a buscar eso que quiero ir a buscar. Ya habría decidido embarcarme en ese viaje, ese que tantas ansias tengo de hacer, ese sobre el que escribía cuando tenia diez años.
Y he llegado, he cumplido 18 años y sigo aquí, tal como hace ocho años, tal como hace cinco años, tal como hace tres años. Y no ha cambiado nada, nada...
Y tengo miedo de llegar a los veinte, a los veintiuno y seguir aquí, parada y estancada, como cuando tenia diez años. Y seguir pensando en lo que pudo ser y no fue. Y seguir callada, escribiendo sobre el viaje de mi vida, y irme concienciando de que cada vez esta más lejos y es más imposible...
Y terminar creyendo que el viaje terminó aquí, en las puertas de mi habitación, de donde nunca salió, y que todo fue un terrible sueño, y de que es hora de que despierte...
No quiero despertarme repentinamente un buen día y darme cuenta de que.. nada va como yo quería, y yo no soy la persona que quería ser, y que me perdí entre la 5th avenue y el desierto del Sahara. Y que soy la persona convencional que nunca quise ser, y que tengo un trabajo que jamás busqué, y unos hijos que nunca quise tener, y un marido gordo, calvo y aburrido, y una segunda residencia cerca del mar, donde pasaremos los fines de semana y alguna que otras vacaciones. Con el niño y las letras del coche.. ¡se acabó ver mundo! Y encima, no recordar el gusto del alcohol, ni la sensación de mareo, ni la sensación de desaparecer un fin de semana y volver domingo noche, para seguir con la rutina momentaneamente hasta el viernes que viene..
Y, como dijo mi tío el otro día: trabajo, David, trabajo, David, trabajo... (David es su hijo).
Y apuesto que le quiere, y que me perderé una de las maravillas de la vida si decido no tener hijos.. pero.. no.
No debo olvidar que es lo que quiero, y no debo desviarme del camino por una piedra o una distracción con gusto a miel, no...
Adiós a esa vida convencional, a ser como todos quieran que seamos, a vivir de pie y morir rogando..
Adiós a Barcelona, a la ciudad condal, adiós a las raíces, adiós a echar polvo en un mismo lugar, adiós el no conocer y a los sábados sentada. Adiós, adiós...
Adiós al adiós sin saber a qué le voy a decir hola.
Yo cuando veo según que personas me alegro de no haber tenido hijos. Y el dinero que me he ahorrado, oiga...
ResponderEliminarSiempre suyo
Un completo gilipollas